¿Retroceder, mirar atrás?

¿Retroceder, mirar atrás?

Marcela, se describe como un ama de casa En un sinnúmero de libros y manuales acerca del éxito y de cómo se puede ser exitoso, encontraremos cosas como “No mirar atrás, jamás retroceder”, de hecho, el refranero popular reza dichos como: “Para atrás, ni para coger impulso” o “Para adelante es que salta el sapo”. Toda esta estrategia de guerra cotidiana, nos aleja de uno de los más importantes y útiles recursos que contiene en sí mismo la adultez, la conciencia y el crecimiento: volver sobre nuestros pasos. Repasar lo hecho, con la misma pasión de lo que está por hacer, revisar los huecos y descosidos dejados en el trazo para regresar, ya más en uno, y repasarlos para seguir el camino en una convicción de no dejar pendientes y de aprender a bajar la cabeza para observar que no todo fue hecho bien, ni completo, sino que el crecimiento nos aporte nuevas luces de lo hecho para engalanar el “Por hacer”.

Carmen Dolores de Caracas, me comenta esto: “Hola Carlos, me encuentro muy triste y decepcionada, tengo veintinueve años, he sido siempre una mujer de éxito y luego de haberme liberado de mi hogar paterno, montar mi apartamento, constituir una pareja, poseer un buen trabajo y tener una niña, ahora me ha tocado regresar, me tuve que ir del trabajo, rompí con mi pareja y me quedé sin nada, te juro que me siento una fracasada, no paro de llorar, retroceder me parece lo peor, ayúdame”.

Lo que nosotros no cerremos, la propia vida buscará que lo hagamos, a veces por caminos inciertos e incomprensibles. No cabe duda que un revés en nuestros planes y expectativas nos va a generar rabia y dolor, pero como siembre expongo, el problema de vivir no es lo que nos pase, sino lo que hagamos con lo que nos pase. Cuando nos vamos abruptamente, cuando huimos, cuando la soberbia nos gana y damos la espalda sin ni siquiera voltear porque algo, supuestamente mejor, nos espera, es probable que tengamos que volver a caminar lo andado, bajar nuestra cabeza y crecer con lo que nos toca, para luego volver a emprender nuestro camino. Desconozco las circunstancias como se fue María Dolores de su hogar paterno, pero regresar, sin duda, y de forma difícil, se convierte en una valiosa oportunidad.

Aquello que dejamos pendiente, a sabiendas o no, nos perseguirá siempre hasta confrontarlo y cerrarlo, bien sea en nosotros o en otros; lo lamentable es el terror que nos imprime el regreso, el volver.

Quien no olvida el camino es quien cómodamente sabe andar en él. Creo que es hora de revisar e imprimir un poco de humanidad a estos manuales de éxito, que no sólo nos robotizan y deshumanizan, sino que nos quitan ese sabor de aventura que contiene el vivir, donde también el regreso constituye un gran paso. Regresar, a la luz de otra edad, con otras vivencias en el morral y con la conciencia de que podemos, es una oportunidad única de ver con claridad lo que antes estaba en penumbras.

Cuánto caminamos, buscamos, luchamos para, al final, entender que todo está dentro de nosotros mismos, ¿No es acaso volver?

Hasta la próxima sonrisa.
Carlos Fraga

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