La trampa del olvido

La trampa del olvido

Un amigo me contaba, con respecto a alguien que le había estafado una sustancial cantidad de dinero, que su terapeuta le había dicho ante la necesidad de “pasar la página”, que él quería que este estafador se quedara en él como “una piedrita en su zapato”. A lo que el paciente preguntó: “pero ¿y cómo se puede caminar una vida con una piedrita en el zapato?”. Y el profesional le contestó: “Con cuidado, midiendo los pasos y sacudiendo el pie, de vez en cuando”.

La mente tiene mecanismos muy claros para hacernos olvidar a través del tiempo muchas cosas, aunque sepamos que las células, los músculos, y muchas áreas de nosotros las graban irremediablemente. Y en ese mecanismo de olvido está la clave de aprender y quizás de vivir.

Es importantísimo olvidar la contundencia y agudeza del dolor, pero nunca el dolor que causó y lo mal que la pasamos, porque esto crea mecanismos de defensa y de astucia para otras situaciones similares. Entonces, el problema no radica en no olvidar u olvidar, sino en qué es lo que grabamos y lo dejamos ahí, a la mano siempre, y qué desechamos. Esto constituye nuestro bagaje, nuestro equipaje de vida, y esa piedrita en el zapato, más que mantenerte en “zona de desconfianza”, te mantendrá en “zona de alerta”, ante situaciones o individuos parecidos.

Crecer es manejar esa selección, como quien está cocinando un exótico y rico plato: con qué me quedo, qué puedo desechar, qué me sirve y qué no en este vivir conmigo y con los otros.

Por todo esto, es indispensable cuidarse de esas expresiones colectivas como: “pasa la página”, “deja eso así”, “olvida y sigue como si no hubiera pasado nada”, “vive como si no te hubieran herido nunca”. Estas lindas expresiones recogen un deseo de ser “bueno y estar tranquilo”, a costa de tu crecer, vivir y aprender.

Normalmente las piedritas en el zapato nos mantienen alerta, éstas se van haciendo polvo dentro del mismo calzado, pero cada vez que las tropezamos sabemos que allí están y que debemos estar muy con nosotros para no pasar de nuevo por una experiencia que ya debería estar codificada en nuestro ser, y debería dar respuestas y defensas inmediatas.

Cuando hablo de la muerte, como desaparición física, agrego que, a pesar del dolor intenso, ese ser sigue ahí, con nosotros, pero ahora convertido en brisa; es decir lo sentimos, pero no lo podemos ver; y que LA UNICA MUERTE POSIBLE ES EL OLVIDO.

Hasta la próxima sonrisa.
Carlos Fraga

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